Ha pasado ya una semana desde que publique la ultima entrada.
Que puedo contaros sobre mi vida en Londres durante estos ultimos siete dias? Veamos: han empezado las clases, ya tengo acceso al campus virtual, voy buscando libros como loca, bla bla bla ... bla bla! Detalles! No aportan mas que informacian superflua sobre pequenieces cotidianas que a nadie (ni siquiera a mi) le interesan!
Ayer fui a una roller-disco. Ahora mejor, verdad? De esas antiguas en las que en vez de bailar te ponen unos patines y tienes que dar vueltas, cual no tan antiguo video de Madonna para cierta cancion internacionalmente querida. Habia gente que bailaba sobre las ocho ruedas, incluso vi a unos cuantos que hacian break dance sobre patines. Yo, por el contrario, muy lejos de sentirme como un pez en el agua (aunque aguas hubo, en forma de gruesas gotas de sudor que volaban en el aire y cuyo hedor hacia saltar las lagrimas - otra fuente de "agua"), me limite a dar solo vueltas intentando no dar con el culo en el suelo.
Estuvo bien. Fue una experiencia interesante e irrepetible, en el sentido de que no creo que vuelva mas por alli. La razon es que el hecho de no ser tan guay sobre los patines como los demas ya no me deprime hasta el punto de querer estallar en llantos, sino que me aburre sobremanera. Habre crecido ...
Aficionada a los cambios, y decepcionada por el fracaso a la hora de domar mis rizos, me corte el pelo en un afan de conseguir mejor fortuna y paz espiritual. Supersticiones. Tonterias. Pero siempre funciona. Este es el metodo de quitarse de encima las energias negativas, acumuladas en el paso por la vida, que nunca falla. Y asi me va: la fuerza renovada de mi libertad de espiritu se hace notar alrededor cada vez que el viento se enreda en mis pelos.
Se van notando ya las emociones positivas a traves del velo negro de nostalgia que tanto me pesaba? Pues el velo sigue alli, pero esta bien doblado y guardado en el armario mas profundo de mi subconsciente. Por ahora lo ignoro con exito, pero el saber que esta alli, esperando su momento, como una bomba de relojeria, hace que cada alegria pasajera que sienta me deje con un amargo sabor en la boca ...
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